
Reserva de la Biosfera Macizo de Anaga
Declarada en el año 2015
- Ficha
- La Reserva
- Actividad
- Territorio
- Biodiversidad
- Cultura
- Singularidad
La Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga, declarada el 9 de junio de 2015, abarca una superficie total de 49.948,84 hectáreas distribuidas entre 16.693,51 hectáreas terrestres (33%) y 33.255,33 hectáreas marinas (67%).
Municipios: Santa Cruz de Tenerife, San Cristóbal de La Laguna y Tegueste.
Datos generales
Superficie total
49.948,84 ha
Superficie terrestre
16.693,51 ha
Superficie marina
33.255,33 ha
Año de declaración
2015
Municipios
3
Entidad gestora
Cabildo de Tenerife
Figuras de protección
Entre paréntesis se presenta/expone el número de figuras del mismo tipo existentes en la Reserva
- Parque Rural (1): Anaga.
- Reservas Naturales Integrales (3): Ijuana, El Pijaral, Roques de Anaga.
- Zona de Especial Protección para la Aves (ZEPA) (2)
- Zona de Especial Conservación (ZEC) (6)
La Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga constituye un territorio de notable singularidad dentro del archipiélago canario e incorpora además una amplia superficie marina. Su compleja orografía, elevada biodiversidad y prolongada interacción entre la población y el medio natural conforman un paisaje de gran valor ecológico y cultural, donde conviven abruptos barrancos, bosques de monteverde, acantilados costeros y pequeños núcleos rurales con fuerte identidad histórica.
Anaga ha sido históricamente un lugar de adaptación y resiliencia, en el que las comunidades locales desarrollaron formas de vida estrechamente vinculadas a las condiciones del entorno.
Economía y aprovechamientos del territorio
La actividad económica de Anaga ha estado tradicionalmente ligada al medio natural. La agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca han modelado el paisaje y el modo de vida de sus habitantes.
En las zonas interiores, caracterizadas por fuertes pendientes y difícil acceso, surgieron sistemas de aprovechamiento adaptados al terreno, como el cultivo en terrazas y la denominada “agricultura heroica”, todavía presente en algunos caseríos, aunque hoy condicionada por el envejecimiento de la población y el abandono progresivo de la actividad agraria. En las áreas costeras, las pendientes más suaves permiten explotaciones agrícolas de mayor tamaño y productividad.
El medio marino constituye también un recurso económico relevante, especialmente mediante la pesca artesanal, una práctica profundamente ligada a la identidad local.
En las últimas décadas, el turismo ha adquirido un papel creciente como actividad complementaria. Los valores paisajísticos, ecológicos y culturales de Anaga atraen a numerosos visitantes, y se trabaja para conducir esta afluencia hacia modelos sostenibles, vinculados al senderismo, la interpretación del patrimonio y el disfrute responsable del entorno.

Territorio, paisaje y valores ecológicos
El Macizo de Anaga conforma una de las estructuras geológicas más antiguas de Tenerife. Su relieve es el resultado de antiguos procesos volcánicos y de una intensa erosión posterior que ha modelado profundos barrancos, crestas escarpadas, roques volcánicos, diques y acantilados costeros. Esta compleja geomorfología, fruto de millones de años de evolución, otorga al territorio un destacado valor científico, paisajístico y ecológico.
El clima está condicionado por los vientos alisios del noreste, que generan una notable diversidad de microclimas según la altitud y orientación. En las vertientes norte y zonas medias y altas, el denominado mar de nubes favorece la humedad mediante procesos de precipitación horizontal, permitiendo el desarrollo de ecosistemas forestales húmedos. En contraste, las vertientes meridionales presentan condiciones más secas y soleadas, produciendo fuertes contrastes climáticos en distancias reducidas.
La combinación de factores geológicos, climáticos y topográficos genera una gran diversidad paisajística en un espacio relativamente pequeño. Conforme aumenta la altitud, los matorrales costeros dejan paso a comunidades de cardonal-tabaibal, bosques termófilos y monteverde. Las amplias zonas agrícolas de Bajamar y Punta del Hidalgo, dan paso a cultivos de viñedos en Tegueste y, en sus montañas, a bancales de piedra seca adaptados a fuertes pendientes junto a pequeños caseríos dispersos. Todo ello conforma un paisaje de gran valor ecológico, agrícola y cultural, conectado mediante una extensa red de caminos tradicionales.

Patrimonio natural
La Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga alberga una extraordinaria riqueza biológica, resultado de su antigüedad geológica, aislamiento y diversidad ambiental.
La variedad altitudinal y climática favorece la presencia de numerosos ecosistemas. Entre las formaciones vegetales más representativas destacan el monteverde —con su laurisilva y fayal-brezal—, los bosques termófilos con palmerales y sabinares, las comunidades rupícolas y riparias, las saucedas y las formaciones de cardonal-tabaibal en cotas más bajas. Muchos de estos hábitats constituyen ejemplos destacados de los sistemas ecológicos canarios y presentan un elevado grado de conservación.
El territorio sobresale por su elevada concentración de endemismos y por la diversidad de aves, reptiles e invertebrados, reflejo de su singularidad. La flora de Anaga incluye numerosas especies endémicas, algunas exclusivas del macizo, entre las que se encuentra el perejil de Anaga (Pimpinella anagodendron), la pelotilla de Chinamada (Monanthes wildpretii) y la violeta de Anaga (Viola anagae).

El medio marino aporta igualmente un importante patrimonio natural, con hábitats que gran biodiversidad como las rasas costeras de Punta del Hidalgo, los sebadales de San Andrés y Antequera y las comunidades del circalitoral profundo. En estas aguas habitan más de medio centenar de taxones marinos protegidos, entre ellos el angelote (Squatina squatina), la tortuga boba (Caretta caretta), diversas especies de algas y varios cetáceos.

Patrimonio cultural
El patrimonio cultural y paisajístico de Anaga es resultado de la interacción histórica entre la población y un medio natural complejo. Los núcleos rurales conservan una arquitectura tradicional adaptada al entorno, con viviendas sencillas y casas-cueva integradas en la topografía. Estos asentamientos se conectan mediante caminos históricos y senderos que configuran un paisaje cultural de gran valor y un ejemplo de adaptación sostenible al medio.
Entre los bienes culturales más destacados figuran el Conjunto Histórico de Tegueste, la zona arqueológica del Barranco Agua de Dios, las fortificaciones costeras como el Castillo de San Andrés y diversas manifestaciones del patrimonio religioso presentes en Taganana.
La cultura tradicional también se expresa a través de la artesanía, especialmente la cestería de mimbre y palma, la tejeduría en telar, los calados, la cerámica popular y la carpintería de ribera. Del mismo modo, las fiestas populares, la música, la gastronomía y los saberes locales han contribuido a preservar la identidad del territorio.
Productos como vinos, quesos, mieles y licores tradicionales forman parte de una herencia ligada al paisaje agrario y pesquero, donde las prácticas tradicionales reflejan conocimientos transmitidos de generación en generación y estrechamente vinculados a los recursos naturales disponibles.

Singularidad de la Reserva
La Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga destaca dentro de Canarias por conservar uno de los paisajes más antiguos y mejor preservados de Tenerife. La interacción entre volcanismo, erosión, clima y ocupación humana ha dado lugar a un territorio de extraordinaria diversidad biológica, cultural y paisajística.
Su abrupta orografía, el aislamiento histórico de muchos caseríos y la influencia constante de los alisios han favorecido tanto la conservación de ecosistemas de gran valor como la permanencia de formas tradicionales de vida vinculadas al medio.
Uno de sus rasgos más singulares es la excepcional representación del monteverde canario, especialmente de la laurisilva, junto a una elevada concentración de endemismos vegetales y faunísticos en un espacio reducido. A ello se suma un destacado paisaje cultural caracterizado por bancales agrícolas, caminos históricos, caseríos dispersos y prácticas tradicionales como la agricultura en terrazas o la pesca artesanal, configurando un territorio donde naturaleza y cultura permanecen profundamente interrelacionadas.






